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martes, 10 de noviembre de 2020

Breve historia del Crimen Organizado

 

Por estos días se sumó a la extensa lista de esta clase de modalidad delictiva, un nuevo episodio protagonizado por los denominados ‘motochorros’. El suceso ocurrió en el partido de Malvinas Argentinas, en el noroeste del conurbano. ¿La particularidad? Quien acometió el atraco es miembro activo de la Policía Bonaerense. Claro que, lejos de sorprendernos, la implicancia de integrantes de la fuerza en hechos ilícitos se ha convertido, con el correr del tiempo, en el pan nuestro de cada día. Sobre esto trata La Bonaerense 2, la secta del gatillo, de Ricardo Ragendorfer, publicado allá por 2006. Meternos en el universo de esta obra, a la cual precede La Bonaerense, Historia criminal de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, publicado en 2002 y escrito a dúo entre Ragendorfer y Carlos Dutil, es como tomar un curso acelerado sobre la dinámica de funcionamiento, contradicciones y tensiones de los poderes fácticos de nuestra sociedad. Porque una institución de la envergadura de la Policía Bonaerense, una de las fuerzas de seguridad más importante del país y que fue fundada en la década del cuarenta nada menos que por Perón, no podría ser corrupta y criminal por sí sola, sino más bien como parte de un entramado más oscuro y complejo que involucra y contiene a los Poderes Político y Judicial. Producido durante momentos álgidos del país, entre la segunda mitad de los 90’s y los primeros años de los 2000, La Bonaerense 2, la secta del gatillo nos presenta una certera conclusión: la participación de miembros policiales en actos delictivos no es una mera excepción, sino que, por el contrario, obedece a una estructura de crimen organizado, a tal punto de ser éste su base de sustentación. Por lo demás, podemos decir que la avezada pluma de Ragendorfer, titánico referente de la sección Policiales de innumerables medios gráficos, con su llano y rústico estilo, se apoya sobre la construcción de escenarios, ambientes y climas como si de una clásica novela negra se tratara. Por eso, y por su invaluable valor documental, ya merece un lugar en nuestra biblioteca.

 

 

martes, 27 de octubre de 2020

El gran fabulador

 

Cuando Flores robadas en los jardines de Quilmes se publicó en el invierno de 1980, rápidamente se convirtió en best seller. Y como dice el mismo Asís, tuvo entre sus particularidades ser un parteaguas: de un lado los que la defenestraban, y del otro quienes la tomaron como una bocanada de frescura en plena dictadura. Era, si se quiere, una patada de posmodernismo en medio de una época convulsionada por los aires de cambios radicales. Y era, también, si se quiere, una suerte de consuelo diáfano ante el fracaso, la decepción y el terror. ¿Se puede hablar de esta novela sin un ‘posicionamiento político’? ¿Hay en ese récord de ventas inicial un desahogo generacional? ¿Se trataba acaso de una novela ‘para intelectuales’? ¿Se podría tranquilamente haber llamado Diario de un cretino? ¿Abre o presenta esta novela, tal vez sin saberlo, ese recurrente tópico que sobre vuela el éter cada determinados años: “irse del país”? No están acá las respuestas. Sería interesante rastrear desde cuándo se instaló esa idea de emigrar, si consideramos que aproximadamente entre las décadas del 40 y del 80 se produjo la estampida de los cabecitas negras hacia lo que hoy conocemos como AMBA. Y si consideramos, también, cuán en auge se encuentra en este momento, fogoneado por los autopercibidos libertarios bajo las consignas ‘este país es inviable’, ‘la única salida es Ezeiza’, ‘somos Venezuela’. Por lo demás, vale decir que, en 1980 se publicaron, en principio, dos grandes y significativas obras de la narrativa de este país. Una es Respiración Artificial, de Ricardo Piglia. Y la otra es Flores robadas en los jardines de Quilmes, de Jorge Asís. Porque sí, nos guste o no, Asís, el gran fabulador, es un escritor con mayúscula. Y, pese a quien le pese, su obra ha dejado un inquebrantable mojón en la historia de la literatura argentina.

Qué se puede hacer salvo ver peliculas #1 - Terminator 2: El juicio final (1991)

¿Qué se puede decir de un clásico que ya tiene 30 años? Hacía bocha de tiempo que no la veía, y no sé si no fue esta la primera vez en verla...