miércoles, 21 de octubre de 2020

Las palabras y los días

 

Hay mucho viento en Buenos Aires en este momento. Los días comienzan con un sol impetuoso, pero cerca del mediodía se nublan, se vuelven grises, queda en la retina una sensación extraña, como de día perdido, de inconclusa futilidad. Lamento que esto que escribo se parezca nomás a la conversación arriba de un taxi, ustedes podrían replicar sobre las probabilidades de lluvia o que salieron desabrigados.  El exceso de Youtube y de pornografía han hecho estragos en mi sistema neurológico. Aunque más allá de eso, lo que hay acá es un tremendo vacío, la impresión certera de no tener una historia que contar, la fatalidad de la escasez de palabras, las mías. Es el colmo del escritor, que inventa palabras para llenar vacíos (y para pagar el alquiler). Palabras, dicho sea de paso, que mañana serán viejas. O incluso en una hora ya nadie recordará. Quedarán, tal vez, con suerte, en algún rincón del inconsciente, habrán abierto un recóndito surco de conexión o pasado sin pena ni gloria. Así es esto, así son las palabras, Por lo demás, el viento sigue áspero, golpea a mi puerta como si fuese el casco de un barco. Un barco en el medio del océano. Un océano lleno de silencio.

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